jueves, 11 de julio de 2013

La era de Información



La Era de la Información


Desde la revolución industrial, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, se produjo un cambio muy importante en la historia de la humanidad, un cambio que sigue desarrollándose en pleno siglo XXI y nos afecta en cada dirección de vida que tomemos. Se puede decir que incluso por este cambio,  se ha evolucionado en una nueva sociedad, con nuevos valores y culturas, mucho más rápida.

Para Manuel Castell esta nueva sociedad se basa en una revolución tecnológica, centrada entorno a las nuevas tecnologías de la información, en base a sociedades aceleradas, que influyen en el modo de actuar de los distintos factores de desarrollo. Un buen ejemplo es que las economías de todo el mundo se han convertido en interdependientes a escala global, formando una nueva relación entre economía, Estado y sociedad. 


Dentro de esta nueva relación se forma una nueva idea de capitalismo, descentralizado y con mayor flexibilidad en la gestión e interconexión con las empresas. Se vuelve más dinámico, obteniendo nuevos paradigmas sobre el desempeño interno y externo de la empresa, una integración masiva de la mujer, una competencia global sin barreras (integración global de los mercados financieros), el ascenso de la cultura asiática como potencia global y la desintegración de la idea de países de “Tercer mundo”.  

Se puede decir que esta nueva sociedad de la información, como nos han llamado, vive y se desarrolla en un mundo desigual. Cuando esta revolución se impone como forma de vida global, muchas partes del mundo quedaron relegadas porque no se desarrollaron como otras, ya que las oportunidades fueron diferentes y más complicadas. Estos sectores que no han podido agregarse a esta revolución corren el riesgo a ser desapercibidas e irrelevantes desde la lógica del sistema.

Además, un nuevo sistema de comunicación, que cada vez habla más un lenguaje digital universal, está integrando globalmente la producción y distribución de palabras, sonidos e imágenes de nuestra cultura y acomodándolas a los gustos de las identidades y temperamentos de los individuos. Las redes informáticas interactivas crecen de modo exponencial, creando nuevas formas y canales de comunicación, y dando forma a la vida a la vez que ésta les da forma a ellas (Castell, 1999: 05). 




Como este nuevo mundo se encuentra en un masivo acceso a información, llega a tornarse confuso y un tanto perturbador. Es así como la mayoría de las personas tienden a reagruparse en identidades primarias, certeras y inamovibles. Como por ejemplo la religión, etnia, territorio y nación. Los cuales en este mundo de cambio incontrolado y confuso, llegan a ser la fuerza más formidable de seguridad social y accionar colectivo.

Tampoco hay que olvidarse de la política, la cual, en esta nueva revolución, con grandes cantidades de información, se le complica el tener controlado que contenidos deberían mostrarse. En este caso Castell determina que estos sistemas se encuentran sumidos en una crisis estructural y de legitimidad por escándalos, provocando desconfianza. Ya que la política depende de los medios de comunicación. 

En un mundo de flujos de riqueza, poder e imágenes, la búsqueda de identidad, sea colectiva o individual se convierte en la fuente fundamental del significado social. Quiere decir que las personas organizan su significado por lo que es o creen que es y no por lo que hacen. “Es una corriente incesante de decisiones estratégicas” (Castell, 1999: 03). Nuestra sociedad se estructura cada vez más entorno a una bipolaridad entre la red y el yo. La red es el sin número de significados adoptados en una realidad en línea, un mundo posible creado por deseos y el yo es el mundo de referencia, la realidad. 

La revolución tecnológica difundió una idea de cultura material en sociedades de espíritu libertario, cuando se difunde la información se explota todas estas aplicaciones de la nueva era, a gran velocidad y con gran apertura al uso de infinitas fuentes y cambios tecnológicos. Es así como tenemos grandes cantidades de información, la cual puede ser obtenida si se posee los recursos necesarios. Un ejemplo de esto sería: El Internet.



El uso de internet es sin duda uno de los avances tecnológicos más grandes de la historia. Grandes cantidades de información conectadas en forma de redes alrededor del mundo. Quien posee acceso a Internet está conectado, forma parte de estas nuevas culturas, tiene la opción de inventarse y reinventarse, crear identidades que no están sujetos a un soporte material, sino que flotan en la atmósfera de la web. Pero así como tenemos libre apertura a la información, no siempre puede ser veraz. Como dije anteriormente, es un espacio libre que flota en alguna parte del mundo, que promete cumplir nuestras expectativas, resolver nuestras interrogantes y conectarnos con el mundo que deseamos ver.

La tecnología es hoy parte de la vida cotidiana, llega a ser un gran aporte a la comunicación dependiendo del uso que se le de. Aunque no toda la población tenga acceso a ella por cuestiones generalmente económicas, se encuentra introducida en las prácticas culturales , en la creación de significados y construcción de identidades.





Bibliografía:
Castells, Manuel (1999). La red y yo. Documento electrónico http://www.scribd.com/doc/37747810/La-Red-y-El-Yo-Castells. Consultado el 27 de junio de 2013.

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